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| Selecciones Del Mundo Zona dedicada a discutir sobre las diferentes selecciones de cada país, cual es la mejor actualmente y cual es la peor, además sobre sus alineaciones, integrantes incluidos o cuales deberían de estar para poder mejorar |
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Super Moderador
Fecha de Ingreso: Jul 2010
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Casi nadie opina y piensa acerca del mundo sin juicios anteriores. Cuando nos disponemos a entender lo que está sucediendo, nuestros filtros son los preexistentes al hecho real y, a través de ellos, defendemos una tésis que puede ser verdad sólo y cuando la objetividad de lo que suceda lo demuestre. Es la diferencia entre entender, explicar, y ser neutro. Este pensamiento, adaptado al mundo del Argentina-España, se puede ligar en relación a lo que esperamos -todos y sin hipocresía- de cada uno de los protagonistas. España, resultado de una forma de trabajar de años y cuya consecuencia lógica fue el éxito, aterrizaba al Monumental con la misma normalidad de siempre: jugar un partido, disfrutarlo, defender una idea, hacerlo bien y ganar si es mejor que su rival. En cuanto a Argentina, uno de los países con mayor cantidad de materia prima futbolística -y de las otras-, no vive momentos de gloria desde 1986. Los tres procesos exitosos en la historia del fútbol argentino, Menotti, Bilardo y los juveniles de Pekerman, tuvieron un común denominador, olvidado ya: una idea clara y tiempo para ponerla en práctica. Por el contrario, el presente del fútbol albicelteste, está mucho más cerca de internas políticas e intereses económicos de dudosa procedencia, que de un progreso sostenible desde las convicciones adaptadas al estilo histórico de Argentina. Quien no lo reconozca así, es cómplice o autista. Sergio Batista aportaba lo siguiente: “[España] Es el campeón del mundo y hay que respetarlos. Respeto lo que dice Del Bosque –que España no es candidata-, pero son seis años de trabajo contra seis días de trabajo. Me parece que será un lindo partido. Los dos tienen jugadores que juegan bien al fútbol, pero nosotros sabemos que tenemos que ir de a poco, tratando de mejorar el esquema día a día”. Clarito, ¿no? Pues precisamente eso es lo que esperábamos del partido: una realidad incuestionable -España-, contra las ganas de volver a soñar en grande -Argentina-. Un gran duelo. ARGENTINA-ESPAÑA: EL PARTIDO Dentro de la inconfundible variedad de presiones, Vicente del Bosque decidió dar descanso a algunos de sus campeones y propuso la siguiente alineación inicial: Reina; Arbeloa, Piqué, Marchena, Monreal; Busquets, Xabi Alonso, Cesc Fábregas, Iniesta y Silva; Villa. Silva en demérito de Torres y el 4-1-4-1 por el 4-3-1-2 del partido ante Liechtenstein. Por su lado, Sergio Batista, aunque parezca mentira, con mucho más en juego que su colega español, mandó al terreno de juego del Monumental un once destinado a controlar y hacer daño a La Roja: Romero; Zanetti, Demichelis, G. Milito y Heinze; Mascherano, Banega, Cambiasso: Messi, Tevez e Higuaín. Un 4-3-3 flexible con capacidad para convertirse en 4-3-3, dependiendo de la posesión del balón. Con la paciencia que caracteriza a la campeona del mundo, España tuvo el balón los primeros tres minutos sin que ningún argentino pudiera recuperar la pelota. Los de Batista, replegados, al fin consiguieron el esférico en su propia medialuna. ¿Por qué puntualizamos esto? Porque, acto seguido, dos pases después entre los albicelestes, el público cantaba con oles el intento de jugar al fútbol. Definitivamente, y sin mediar duda alguna, los argentinos también querían el retorno a las fuentes: al cuidado de la pelota y al tratamiento estético del juego. Lo han intentado pero no han podido: Argentina ha sido siempre la cuna del toque y volvía a apostar a ello. Ya en el partido, y sin mediar anécdotas, Leo Messi bajó a buscarla y cuando la defensa ibérica dio un paso adelante, el astro del Barcelona regaló el gol a un Tevez, cuyo remate, en mano a mano con Reina, se fue mordido y lejos. España tocaba, Argentina era un bloque y el ritmo era lento, tal y como querían ambos entrenadores. Sin embargo, un robo de balón argentino propició la contra que finalizó con Messi y una preciosa vaselina para el 1-0. Sin tiempo para pensar en el golazo del blaugrana, otro pase profundo del Apache puso a Higuaín solo contra Pepe, regate y adentro para el inesperado 2-0. Todo un campeón del mundo caía en un lugar, Buenos Aires, donde perder no es precisamente un delito, sino casi una obligación del destino –España nunca ganó en la tierra del tango-. ¿Las razones de tal desaguisado? Muchos apuntaban a Marchena y Piqué. Sin embargo, cuando una defensa da un paso adelante mientras su mediocampistas pierden el balón en zona de riesgo, sus espaldas quedan descubiertas y un simple pase en profundidad es medio gol si los delanteros son inteligentes, tales los casos del madridista Higuaín y de Leo. ¿Argentina? La diferencia enorme, abismal, profunda y, gracias a Grondona y la familia K, dos meses después del Mundial, radicaba en que el rigor táctico a la hora de agruparse en su propio campo era lo suficientemente rápido para que un deprimido Cesc Fábregas –sombra de sí mismo gracias a Wenger- un desaparecido Iniesta y los perdidos Xabi y Busquets, no encontraran ni la pelota, ni el espacio por donde lastimar a la bicampeona mundial. Es cierto, cinco cambios incluyó Del Bosque, pero no es excusa: era mejor y más fuerte anímicamente, la albiceleste. Cambiasso y Mascherano, más el aporte de Banega, se comían a la medular española. Silva no estaba y Villa no la tocaba hasta que con un remate desde treinta metros reventó el travesaño del inédito Romero. Argentina jugaba y dominaba con sus armas, la de toda la vida: competitividad, pierna leal, posesión de balón y cambio de ritmo arriba. España no aparecía y, simplemente, era menos que la anfitriona. Maradona, a estas alturas, se resumía, simplemente, a una pesadilla sin responsables -impunidad-. Para colmo de los pesares, una pelota tonta para Reina propició que su intento de despeje fuera un resbalón, con apretada de Tevez incluida y gol para el 3-0. Demasiado castigo y un enorme toque de atención para La Roja: ¿era el partido para apostar por cinco cambios? La respuesta, para quien escribe, es no, pero no es momento de reproches y con goleada en contra, nos fuimos al descanso. SEGUNDO TIEMPO: Valdés, Llorente, Navas, Cazorla y demás reservas dieron a España una sensación mayor de poca seriedad en un partido que, amistoso sí, no era ante cualquier equipo. El prestigio se defiende dando la cara, yendo a por todas y peleando por un escudo y una estrella con todas sus consecuencias. El golpe del primer tiempo era tremendo para estrenar prestigio ante un grande de verdad y con sed de revancha. En eso, La Roja pecó de ingenua y debe aprender una lección de cara al futuro: contra las selecciones que saben de gloria hay que jugar en serio, motivado y con los mejores efectivos. En el complemento, del partido podemos contar poco. Argentina siguió jugando como si se le fuera la vida en ello y el mensaje de Sergio Batista cobraba sentido de cara al futuro. Del Bosque continuaba haciendo cambios y aligerando aún más una responsabilidad que el equipo no podía afrontar con un 3-0 abajo. Pasaban los minutos y Cesc Fábregas se iba del campo con la mirada perdida, y la sensación de estar despilfarrando su tiempo en el Arsenal. Era el caso más preocupante de cuantos vimos en el Monumental. Por lo demás, el ingreso de Xavi hizo jugar más al equipo, pero la albiceleste estaba cómoda y defendía el resultado con sapiencia y un trío de mediocampistas impresionante. Banega, una de las figuras, daba una clase de tranquilidad en zona de riesgo, con Cambiasso y Mascherano ofreciendo una cátedra de recuperación, maestría táctica y corrección en el pase. Messi recorría el campo a placer y su gol adornaba una tarde inolvidable para Argentina. España dejó de ser un equipo luchador y ofreció la rendición incondicional a cambio del 3-0 a pesar del descuento de Llorente para el 3-1. Pero Agüero, que no entiende de treguas, puso el definitivo 4-1 ante la pasividad de los centrales españoles, un desastre todo el partido. Un incuestionable espacio de respeto y jerarquía se perdió en Buenos Aires. Desde noviembre de 2006 España no caía en amistosos y fue ante Argentina, una de las gigantes, en donde se dejó un trozo de prestigio. Algo que no puede volver a repetirse.
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#1.5 | |||||||||||||||||||||
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SponSor
Fecha Ingreso: Jul 2006
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Edad: 15
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